Opinión
corridas de toros

Todos somos lo mismo

¿Por qué fiesta cristiana se acaba convirtiendo en sinónimo de maltrato animal en España?

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Jue, 15 Jun 2017

Todos somos lo mismo, pero no los mismos, decía Ortega y Gasset. Hace pocos días terminaba el Rocío. Una fiesta que, como casi todas las fiestas españolas, mezcla en una simbiosis extraña lo religioso y lo pagano, la supuesta “devoción” y la jarana desbordada y a veces escabrosa y macabra, amparada, como tantas cosas, por la irracionalidad y la superstición.

Y, juergas y tradiciones aparte, los romeros, a la vez que rezan a la virgen, se dedican a cerrar los ojos ante un despropósito que ocurre todos los años en esa romería. Mueren, maltratados, muchos caballos. Suelen ser entre veinte y treinta los equinos que mueren todos los años en la fiesta rociera. Este año han sido menos. El cómputo final ha sido la muerte, por abuso o desatención, de diez caballos y de un buey exactamente. 

Además, este año el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (SEPRONA) ha imputado a ocho personas en El Rocío por maltrato animal. Cada año esta fiesta de cariz religioso y de carácter festivo y sórdido deja escenas terribles de caballos y mulas, casi todos alquilados de manera ilegal; famélicos y con varias personas encima, agotados por ser ancianos y morir de sed o de cansancio, o  desvanecidos por llevar muchas horas sin que nadie se acuerde de que hay que quitarles la silla para que su lomo pueda descansar. Mueren extenuados, agotados y algunos hambrientos y sedientos por la desatención de unos personajes que vitorean hasta lo cómico a una virgen y lloran desgarrados ante un ímpetu religioso que no es, técnica y literalmente, otra cosa que una buena porción de fanatismo, aunque lo llamen fervor.

El Rocío mezcla en una simbiosis extraña lo religioso y lo pagano, la supuesta “devoción” y la jarana desbordada y a veces escabrosa y macabra

De otra parte, aunque es lo mismo, o muy parecido, con el inicio del verano se aproximan las fiestas de ciudades y pueblos españoles. Y en España las fiestas, casi todas celebradas en loor de algún santo o virgen cristianos, van parejas al maltrato animal; un maltrato que tiene su origen ideológico en los sacrificios cristianos. La biblia está llena de sacrificios de animales, y de personas también, en loor a la deidad. El gusto por el sacrificio y la sangre es algo profuso y sistemático en la dogmática del cristianismo.

No es, por tanto, nada extraño que en todas las fiestas de origen cristiano haya un toro que se despeñe en acantilados (Denia), o cabras que se lancen desde campanarios (Zamora), o toros que se torturen y se lanceen hasta la agonía y la muerte (Tordesillas), o becerrillos recién destetados que se lancean con una crueldad infinita (Algemesí), o toros a los que se prenden fuego (Comunidad Valenciana y Cataluña), o toros a los que se lanzan dardos afilados para después de larga tortura asesinar de un disparo (Coria), o gansos que son decapitados por mozos a caballo (Carpio de Tajo), o ardillas y gatos que son asesinados, los sábados santos, literalmente a pedradas (Robledo de Chavela); .... la lista sería muy larga, y mejor no seguir con esta descripción de una crueldad sólo imaginable en una verdadera cámara de los horrores....

Y no es que sea de mi interés, de ninguna manera, alejar a nadie de sus “devociones” y fervores tradicionales y patrios. Sólo faltaría. Muy al contrario. El mayor de mis respetos por las fiestas, las creencias y los fervores personales ajenos, aunque, por descontado, preferiría que no fueran aberraciones dementes y sanguinarias que convierten al mundo en un lugar terrible y cruel . Me considero con el deber ético de denunciar la crueldad que seguimos ejerciendo, probablemente muchas veces de manera inconsciente, arrastrados por esas tradiciones que ya se habrían tenido que superar; crueldad contra los seres de otras especies que se convierten en víctimas inocentes e indefensas de la maldad y de la estupidez humanas. Y me considero con ese deber porque esa crueldad también me afecta, nos afecta a todos, y estoy en mi derecho de exigir vivir en un mundo en paz.

No es extraño que en todas las fiestas de origen cristiano haya un toro que se despeñe en acantilados o cabras que se lancen desde campanarios 

Todo está relacionado. Nadie se imagina el horror que vivimos muchas personas al ser conscientes de las terribles atrocidades que viven los animales no humanos a manos de los animales humanos. Y ése es el origen, como dijo Milán Kundera, del gran fracaso de la humanidad. En ese fracaso se resumen y se condensan todos los demás. Las cosas están ligadas por lazos invisibles, no se puede arrancar una flor sin perturbar a una estrella, dijo Galileo Galilei. No se puede pretender aspirar a un mundo en paz y armonía perpetuando el salvajismo. No podemos pretender la alegría y la felicidad generando el horror contra otros seres. Porque “we are all one”. Todos somos lo mismo. Por una Ley Justa en España Contra el Maltrato Animal.

 

Coral Bravo es Doctora en Filología